Soy la antitesis del cliente deseado por cualquier comercial teléfonico: no tengo hijos, no tengo casa, no tengo coche, ni tengo máscota. Pero tengo una mente incapaz de parar ni un segundo, empecinada en llevarme por caminos tenebrosos. Lucho con ella diariamente y eso me parece más apasionante (que no necesariamente bueno) que cualquier producto de venta telefónica, así que si esta vez no coges esa llamada y quieres dedicar cinco minutos a mi mundo particular, estaré encantada de recibirte.